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Las minas en el Tango Parece ser que las mujeres, en el tango, o son malas y traicioneras o las elevan al plano de seres angelicales, delicados y puros. En este último caso, el de la exaltación femenina data de la década del '20 y parece tener sus orígenes en "Tesorito", la obra de Juan Andrés Caruso, en colaboración con Adolfo R. Avilés. Data de 1925 y fue dada a conocer por la Editorial Perrotti. La graba Carlitos Gardel:"Tesoro, cierra los ojos y recordemos..." Los versos brotan románticos e ingenuos del interior de la voz del varón. Enamorado y seguro de sí, le dice a su "tesoro" que recuerde "aquellas noches cálidas, que pasamos en tiernas pláticas y a mí te dabas temblando y pálida". Luego en el 1927 el mismo enamorado canta en "Perfume de mujer", la obra de Juan José Guichandut y Armando Tagini. Este tango salió del concurso de tangos propiciados por Max Glucksmann, que fue estrenado en septiembre de 1927 en el Palace Theatre y tuvo muy buena respuesta del público: “Lejanas glorias de amor mi boca busca besos como ayer... Y nada más, a mi lado perdurable está tu incomparable perfume de mujer...” Y con "Corazoncito", Rafael Rossi llegó casi al paroxismo de la ternura casi infantil: “El encanto seductor de tu risa de cristal, el perfume de tu amor y tu gracia espiritual... Delicadamente van engalanando a mi ser la rosa de tu rosal que con afán cultivé .....Déjame corazoncito que te tribute mis flores símbolo de la pureza de los momentos mejores”. El tema parecía no terminar, pero, Guillermo Barbieri -guitarrista de Gardel y abuelo de la actríz Carmen Barbieri- en 1931 escribe y graba "Tus ojos de arreboles y tu porte de sultana" en el vals Trovas. Coincidiendo casi con los versos de la Storni “como una romana para concordar” ya la mujer cumplía un papel un poco más comprometido en la emoción viril. El 17 de Junio de 1932, en el teatro “El Nacional”, se estrena la comedia musical "La muchacha del centro". Tenía entre sus obras el tango "Te quiero", de Canaro y Pelay. Los actores y cantantes Ada Falcón, Ignacio Corsini, hicieron un éxito total cantando: "Cómo se quiere a una madre, como se quiere a un hermano, con ese amor sin igual....". Una comparación para la investigación psicoanalítica moderna. En dónde quedaron, para ese entonces, las minas traidoras en cuyas manos se disolvía el corazón de los hombres, aquellas desleales que abandonaban a los mejores señores en medio del camino, todas las minas bravas...? Parece que convivían en el submundo del tango, menos comercial, para decirlo en términos actuales. En fin, ni ángeles ni demonios, las mujeres fuimos, somos y seremos esta mezcla encantadora para el amor y pasión humana. Ø
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