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Estados Unidos: MULTILATERALES PRIMERO, UNILATERALES DESPUÉS... Hace tan sólo un año el mundo descansaba en la fortaleza de un sistema financiero y económico cuyos actores principales (los bloques América del Norte, Unión Europea y Sudeste Asiático) parecían perder poco tras una crisis regional como la del “EFECTO TEQUILA” en 1995. Los atentados del 11 de Septiembre en los Estados Unidos aceleraron los tiempos de la Casa Blanca en materia de Geopolítica. Para los argentinos la consecuencia más acentuada fue advertir cómo el Cono Sur pasó a convertirse, tal vez más que nunca, en el patio trasero de las potencias. De hecho, tres meses después se produjo el colapso financiero de Argentina frente a sus acreedores y la población. Hasta entonces, parecía que los ataques terroristas y la debacle del sistema financiero argentino eran “desgracias” aisladas. La gigantesca corrupción contable que se encontró en empresas Estadounidenses como ANDERSEN, ENRON y WORLDCOM demostró finalmente que las estructuras de la economía mundial están lejos de ser transparentes y democráticas para los intereses de los ciudadanos (sean norteamericanos, argentinos, españoles o chinos). La violación de los derechos de los ahorristas argentinos es tan vergonzosa como ocultarles a aquellos estadounidenses que creyeron en el sistema (para hacerse de una jugosa jubilación), la situación crítica de algunas compañías que van camino a la bancarrota. Ahora el presidente Bush, se apresta a conducir a su país a la guerra contra Irak. Se aduce el peligro de que este país pueda fabricar armas de destrucción masiva. Pero el mismo peligro se vivió durante años con la URSS. En verdad, los riesgos (iguales o peores) están en la misma estructura productiva que tienen las potencias económicas de la humanidad. Si un avión se estrellara contra las paredes de un reactor nuclear la radiación mataría a miles de personas en segundos y contaminaría el ambiente por siglos. EE.UU. tiene ciento tres plantas nucleares en su territorio. Otro riesgo son los 50 mil containers que ingresan diariamente al país, de los cuales sólo son revisados el 2%, y que podrían ser utilizados para transportar armas de destrucción masiva y bacteriológicas. La guerra va a acelerar el proceso de polución y alteración climática que vive gran parte del planeta. En este sentido, los países del Hemisferio Norte tienen responsabilidades compartidas. Mientras tanto, la comunidad internacional sigue esperando que el gobierno de Bush firme el protocolo de Kyoto que impulsa la reducción de emisión de gases contaminantes. Rusia también se niega a firmarlo, en tanto que China ya se ha comprometido a cumplirlo. El MERCOSUR y toda la región latinoamericana deben acordar una posición común de defensa y protección de sus recursos naturales. El peligro mayor es el de confiar en que otros nos cuidarán. Europa duda si apoyar o no a su aliado militar. La ONU, por su parte, retrasa su respaldo y Argentina... Argentina demuestra contar con una diplomacia tan ilegítima e irresponsable como el propio presidente Duhalde. Las palabras del canciller Ruckauf por la Cadena CNN, manifiestan el grado de sumisión de la dirigencia argentina, que debiera llamarse a silencio por lo menos como acto de prudencia. La reciente Asamblea Anual de las Naciones Unidas debiera presentarse como el ejemplo típico de soberbia y desprecio a los compromisos internacionales por parte de una potencia. El ataque a Irak se hará con aprobación de la ONU o sin ella, según advirtió Bush. Al “vaquero tejano” no le interesa cumplir con Naciones Unidas, como no le ha interesado cumplir los pasos preestablecidos constitucionalmente en la designación de cargos nacionales de enorme relevancia. Sucedió con Otto Reich, máximo responsable de Asuntos Hemisféricos para América Latina, en momentos en que el Congreso se hallaba en receso y no podía evaluar (¿rechazar tal vez?) dicha designación. Digámoslo: la presencia de George W. Bush, y sus particulares colaboradores en la Casa Blanca, es una tragedia que excede al pueblo norteamericano. Los países que forman los bloques de la UE y el Sudeste Asiático deben instar fuertemente a la Casa Blanca a respetar los compromisos contraídos con las Naciones Unidas. De lo contrario, otras naciones podrían llevar sus deseos de expansión militar al organismo con argumentos similares. Una suerte de cadena de reacciones belicistas. Ya Rusia parece dispuesta a invadir Georgia, aprovechando la movida norteamericana. Ø
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