Se dice que el turismo es la industria sin chimeneas y que Argentina debe aprovechar sus bellezas naturales y atracciones culturales para fomentar el crecimiento de la actividad en la extensión del territorio. No hay duda de que se cuenta con una excelente materia prima. Pero es necesario acelerar la preparación de los ciudadanos para recibir extranjeros con calidez y calidad. Incluso, los mismos argentinos que viajan por las provincias deben también ser agasajados con dedicación por los anfitriones de turno. Puede que falte en muchos sitios la infraestructura hotelera y de servicio suficiente para competir internacionalmente, pero algunas cuestiones tienen más que ver con organizarse y planificar mejor.
En los primeros meses de 2002, a raíz de la devaluación y los cambios de hábitos en el consumo, se pudo observar algunas carencias mayúsculas en cuanto al servicio para turistas y viajeros. Por ejemplo, durante los fines de semana la empresa concesionaria del servicio público de subterráneos de Buenos Aires cierra viarias bocas de salida y entrada en estaciones importantísimas como Plaza de Mayo y Catedral. ¿Sucede lo mismo con los transportes en Madrid o Londres? Puede argumentarse que el flujo de pasajeros es menor y no conviene (por rentabilidad) mantenerlas abiertas. Sin embargo, es este detalle el que hace a una mayor comodidad para el turista. Los funcionarios deben exigirle a la empresa que mantenga un servicio regular, como corresponde al de la capital de un país como el nuestro. Ya de por sí, los subterráneos están orientados geográficamente de una forma hostil para las necesidades actuales. No hay forma de llegar al aeroparque Jorge Newbery, a los bosques de Palermo o a los estadios de River Plate y Boca Juniors por este medio.
Si uno se aleja de Buenos Aires y llega a la Provincia de Córdoba (rica en belleza natural diseminada en ciudades y pueblos) encontrará carencias de otro tipo. Hay pequeñas comunas (se encuentran entre otras Villa Del Dique o Rumipal, cercanas a Villa Gral. Belgrano y Santa Rosa) que esperan vivir del turismo y, al acercarse un fin de semana largo no se preparan abasteciéndose de mercadería suficiente y variada (alimentos básicos en particular). Hasta suelen cerrar sus negocios entre las 13 y las 19 hs. lo cual genera no poca incomodidad para los circunstanciales visitantes, que habitualmente (estando de paseo) se comportan de manera elástica en sus horarios de almuerzo y merienda. Aquí no hay justificación alguna porque la cuestión no depende de infraestructura sino de organización y concientización de la población y sus autoridades comunales.
Podría seguir describiendo ejemplos. Me pareció útil, por lo menos, comentar éstos, que demuestran cuánto hay por mejorar en materia de servicios al turismo.
Los detalles hacen la diferencia. El peligro que se presenta frente a la posibilidad de recibir en poco tiempo muchos visitantes, es el de conseguir el resultado contrario al que se busca. Porque bueno es hacer que vengan y conozcan, pero mucho más próspero (para todos) será lograr que quieran volver. Ø