Si ustedes hablan o escriben sobre candidaturas, si entrevistan a posibles candidatos y le otorgan legitimidad pública a un proceso eleccionario de apariencia legal pero ilegítimo porque no tiene un auténtico aval popular; si promocionan un juego electoral digitado por la voluntad de una corporación política cuestionada por una cantidad de gente que, en general, no aparece en las encuestas realizadas por empresas interesadas en ese juego; si les dan espacio y tratan con respeto a personajes que se presentan como políticos nobles y honorables pero son delincuentes públicos o, como mínimo, mentirosos traidores que jamás serán condenados por una justicia manejada por ellos mismos; si les hacen preguntas para las cuales esos personajes siempre tienen hábiles respuestas y ustedes las aceptan y no re-preguntan porque se achican, están comprados, son socios de ellos, sólo buscan rating, responden a intereses de los dueños de los medios en los cuales trabajan o, simplemente, porque no saben cómo hacerlo y saltan de un tema al otro en aras de una supuesta agilidad y ritmo de la entrevista; si se prestan al manejo de quienes manejan poder, ustedes también son sus representantes y colaboradores. Si lo saben y no tienen más remedio que hacerlo para subsistir en sus empleos, es muy triste pero los comprendo: yo también me tragué mis buenos sapos. Si creen sinceramente que estas elecciones, así como se instrumentan y con estos candidatos, son lo mejor que nos puede pasar, ojalá acierten. El tiempo transcurre y la gente que no "está hecha", más la que está deshecha, sigue sufriendo problemas serios, graves y muy graves que afectan hasta la salud y la vida de niños y mayores mientras políticos y periodistas se entretienen hablando de las internas, que por afuera, que por adentro, que abiertas, que cerradas, que en diciembre, que en enero, que se abstienen, que se unen, que se separan, que Reutemann sí, que Reutemann no, millones de pesos en propaganda política, en asesores, viajes..... ¡Un solo niño desnutrido, un único enfermo grave sin asistencia adecuada ni medios para comprar sus remedios es el fracaso de toda una clase política! Si el periodismo, que tanto ayudó para que comenzáramos a enterarnos de la corrupción en el poder, promociona a quienes en mayor o menor medida tuvieron que ver con esa corrupción, Argentina va a llorar mucho más que ahora. La única forma no violenta de que esas llamadas "personas" no existan más es que no se les dé existencia. Que mueran mediáticamente. El periodismo es el único poder que puede hacer algo contra ellas. Y si no las puede "matar", que por lo menos sepa replicar y no se calle cuando los personeros del candidato de turno se manifiesten como lo hizo Jorge Asís con Majul al decirle que no haga "antimenemismo berreta" después de que éste se refiriera a la corrupción en el gobierno de Menem. Ø