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Lula Da Silva: ¿lo prometido es deuda? Con el 61, 4 % de los votos, Luis Ignacio Lula da Silva se ha convertido en el primer presidente de Brasil que no es oriundo de las grandes urbes como San Pablo, Minas Gerais o Río de Janeiro. Además, el primero -elegido en las urnas- que no cuenta con un título universitario. El primer obrero en llegar a la presidencia de su país y el primer líder de un partido de izquierda que llega al palacio Planalto, sede del gobierno. Lula puede estar seguro de que la prensa mundial se ha encargado de mostrarlo como el primero en muchos aspectos de la política de su país y de la región sudamericana. ¿Será el primero en trasladar los conceptos de los discursos “de campaña” en hechos concretos?. Candidatos de derecha y de izquierda dijeron, y dicen, lo que la población quiere escuchar. Hasta alcanzar el poder, claro; lo vemos diariamente en Argentina. Las corporaciones internacionales y los organismos financieros (como las potencias del hemisferio norte) están a la expectativa, esperando calificar a Lula de populista o progresista, de dictador o demócrata, de acuerdo al comportamiento que éste tenga con los intereses económicos que están “en juego”. Si Lula da Silva pretende ahora que será gobierno mostrar a Brasil como lo hizo Fernando Enrique Cardoso (“Brasil no es un país subdesarrollado, es un país injusto”) los millones de pobres y marginados que creyeron en él, habrán votado en vano. El razonamiento de Cardoso es producto de una lectura histórica y de filosofía política que trastoca la idea de desarrollo. Creo que para ser “desarrollado” necesariamente hay que ser justo. Pero Cardoso cree que Brasil es una nación “desarrollada” a la que sólo le falta ser justa. ¡Nada menos que eso! Ojalá Lula no comparta esta visión. Como principal socio de la Argentina en el MERCOSUR, el gobierno del PT afrontará el problema de contar con un vecino “grande” que naufraga entre dirigentes incompetentes y liderazgos cipayos, si se me permite el término. Darle prioridad en la agenda oficial a las relaciones entre los vecinos de la región va a provocar un enfrentamiento diplomático y comercial con las potencias y los organismos internacionales. Hay que estar dispuesto a darle pelea. Se vislumbra el apuro estadounidense por comprometer a los líderes del MERCOSUR en la concreción del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que tiene como objetivo darle continuidad a la explotación indiscriminada de las riquezas naturales y los recursos energéticos del Cono Sur. El líder del Partido de Trabajadores se reunió, previo a las elecciones de Octubre, con economistas, empresarios y autoridades de varios países. Se refirió a muchos temas en numerosas conferencias de prensa o entrevistas y llegó a intercambiar palabras con el mismísimo Fidel Castro. Pero todavía no ha hecho nada. Sus records estadísticos no cuentan. Ni siquiera es hoy, un referente de la izquierda en el mundo. Porque lo que significa y es realmente Lula da Silva lo sabremos a partir de las decisiones que tome en el 2003 desde el palacio de Planalto. Lo aguardan reuniones de trabajo en las que deberá (si piensa cumplir lo prometido) despedir a numerosos colaboradores corruptos, rechazar presiones corporativas, etc. Contradiciendo las palabras del saliente presidente Cardoso, el país tiene uno de los tres mayores índices de violencia del planeta. También uno de los tres peores índices de distribución de la riqueza del globo. Pero, como ventaja, su población no guarda sectores radicalizados ni sedientos de revanchas, lo cual le permite a Lula proyectar un liderazgo original y una dirección política y social de Brasil, con amplio margen para la creatividad en la gestión de gobierno. Desde Argentina se espera que nuestra dirigencia esté a la altura de las circunstancias, si Lula se apresta cumplir lo que ha prometido. Ø
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