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domingo, 01 de diciembre de 2002 |
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Gracias a un proyecto surgido en la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Nación, un grupo de científicos argentinos desarrolló un test inmunológico rápido que permite detectar la aftosa en animales infectados. Si la universidad argentina (ese otro antro de corrupción en donde estudiantes mediocres ideologizados a la violenta impiden que un argentino excepcional como Jaim Etcheverry pueda utilizar su despacho de Rector), se dedicara a tareas mucho más nobles que a la mala administración de sus importantísimos recursos económicos, podría haberse hecho un convenio Universidad-Empresa y haberse concretado un trato con alguna empresa argentina, para la comercialización mundial de este test que evitará el sacrificio de miles de animales. Pero el funcionamiento endogámico y mafioso de la universidad impide que la misma se abra a la sociedad, que se relacione con el mundo del trabajo y la producción. Sí lo pudieron hacer la Universidad de Estocolmo, una multinacional sueca, y el gobierno soberano de ese país escandinavo, quienes obtuvieron la patente para comercializarlo mundialmente. El presupuesto universitario aquí se utiliza en cambio para cuestiones de poder interno, donde grupos como Franja Morada han aprendido con honores las mismas artimañas corruptas de los congresales de la nación. Es inadmisible que una universidad gratuita permita la estadía de pseudoestudiantes crónicos (que explican el porqué del bajísimo porcentual de egresados). En un nuevo modelo universitario patriótico, todos los graduados deberán retribuir por un tiempo y con su trabajo los estudios que el pueblo les pagó. Los estudiantes deben estar al servicio del estudio y la Universidad al servicio de la ciencia y la producción. La educación y la ciencia y la técnica son los motores fundamentales para la producción de fuentes de trabajo. Y sin trabajo no hay progreso posible, no hay dignificación de las personas, no hay crecimiento. En síntesis, no hay futuro. Ø
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