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Marco Denevi y la vigencia de las ideas Imprimir E-Mail
Escrito por Lucio Arce   
domingo, 01 de diciembre de 2002

Hace cuatro años moría el gran escritor argentino
Marco Denevi fue un brillante escritor y periodista argentino. Inteligente, mordaz e irónico, nunca fue amigo de la farándula literaria. Le huía a las fiestas y prefería dedicar su tiempo, su concentración y su inteligencia a sus novelas, sus cuentos, artículos periodísticos y cartas de lector que por años y con muchísimo gusto publicó el diario La Nación.
A los 33 años y al tiempo que se desempeñaba como abogado en la Caja Nacional de Ahorro Postal, publicó su primera novela. “Rosaura a las diez” es un fascinante drama policial narrado desde las diferentes perspectivas de sus protagonistas. Esta obra tuvo una enorme repercusión. Fue llevada al cine por Mario Soffici con la actuación de Susana Campos y Juan Verdaguer. Y hasta donde me acuerdo, era parte del programa de lecturas en el colegio donde yo cursé la secundaria.
En 1960 participó en un concurso de cuentos para escritores latinoamericanos organizado por la revista “Life” en Español. Allí compitió con el mismísimo Gabriel García Márquez. Su cuento “Ceremonia Secreta” ganó el primer premio. El galardón lo proyectó internacionalmente. Fue traducido al inglés, al francés, al italiano, al japonés y a otros idiomas. En 1968 Hollywood tomó nota de su obra. El director Joseph Losey realizó “Ceremonia Secreta”, protagonizada por Elizabeth Taylor, Robert Mitchum y Mia Farrow.
En Argentina también escribió guiones para televisión, cine y no tocaba mal el piano.
Marco Denevi falleció el 12 de diciembre de 1998 en Buenos Aires. Había nacido en la localidad bonaerense de Sáenz Peña, el 12 de mayo de 1922.
A continuación cito uno de ensayos periodísticos, publicado en el diario La Nación hace aproximadamente 20 años. Leelo. No tiene desperdicio.

 

“LA VIVEZA ENTRE LA INTELIGENCIA Y LA ESTUPIDEZ”
Por: Marco Denevi
Frente a un problema concreto, la reacción mental del hombre inteligente es dinámica: buscará el camino de la solución, a menudo a través de exploraciones, de asedios desde distintos flancos, de razonamientos abandonados en un punto y recomenzados en otro, hasta encontrar la salida.
En latín, salida se dice “exitus”, que los ingleses tradujeron por “Exit”. La inteligencia conduce al éxito.
Aquel mismo idioma, madre del nuestro, cuyo estudio hoy les parece superfluo a algunas autoridades universitarias, tiene un verbo: “Stupere”, que significa quedarse quieto, inmóvil, paralizado y en sentido traslaticio, mentalmente detenido, como delante de un cartel que dijera “Stop”.
De aquí deriva la palabra “estúpido”: Hombre que permanece entrampado por un problema sin atinar con la salida, aunque a veces adopte la agitación convulsa de una mariposa encandilada por una luz muy fuerte o los movimientos desesperados de un animal dentro de una jaula.
Hablo siempre de lo que ocurre en la mente. Las dos únicas reacciones del estúpido serán la resignación o la violencia: dos falsas salidas, dos fracasos.
Salvo casos patológicos, todos somos inteligentes frente a un tipo de problemas, y estúpidos respecto a otros tipos de problemas.
Pero nuestra inteligencia y nuestra estupidez no dependen de nuestra moral. Hay inteligentes moralmente canallas, y hay estúpidos moralmente intachables.
Cuanto deben la inteligencia y la estupidez a los genes, y cuanto a la educación (digamos la gimnasia), es un asunto que dejaré de lado para que no me usurpe todo el espacio del que dispongo.
Pero no querría pasar por alto un dato: sin el auxilio del intelecto (Esto es la capacidad de análisis critico del problema), y sin la posesión de conocimientos relacionados con ese problema y adquiridos por experiencia propia, o por revelación ajena, la pura inteligencia que acumule conocimientos no sabe que hacer con ellos. Y no es raro que un intelectual ducho en el análisis critico, sea incapaz de hallar soluciones.
El desarrollo en un mismo individuo de la inteligencia, del intelecto y de los conocimientos bien puede llamarse sabiduría, si no en la aceptación teísta que le dan las escrituras, por lo menos como tributo humano susceptible de adquisición o pérdida.
Con alguna frecuencia, la realidad nos pone, de momento, mentalmente paralíticos. Es cuando decimos que estamos estupefactos, lo cual significa
"estar hechos unos estúpidos". La inteligencia, si la tenemos, vendrá a rescatarnos de esa pasajera estupidez, que por no ser insalvable, se llama estupefacción.
Situada a mitad de camino entre la inteligencia y la estupidez, está la "viveza", capaz de producir acciones en cualquier dirección, excepto hacia la salida del problema. Este es su secreto: La fórmula intrascendente que le permite ponerse a salvo y resguardo de la humillación y desprestigio que se sufren en la estupidez.
La viveza creo yo, es la habilidad mental para manejar los efectos de un problema sin resolverlo. La persona dotada de viveza, no ejercita la inteligencia, sino un sucedáneo apto para entenderse con las consecuencias prácticas del problema, pero no con la sustancia del problema.
En otras palabras, el vivo se mueve mentalmente en procura de cómo eludir los efectos de los problemas, cómo volverlos beneficiosos para el, o lo peor de todo, como desviarlos en perjuicio de un tercero.
La viveza, entonces se conecta imprescindible e irrenunciablemente con la moral.
Sin el concurso del egoísmo, no resulta posible ser vivo, y para echarle el fardo al prójimo sin que este se resista, es menester cierto grado de inescrupulosidad, y hace falta practicar algún genero de fraude, siquiera verbal.
Observado durante un corto plazo, el vivo da la impresión de haber obtenido el éxito, de ser inteligente: se desplaza entre los problemas sin padecer las consecuencias, o mejor aun, sacándoles provecho. Pero el flujo de los efectos del problema es ininterrumpido, por lo que el vivo no puede entregarse a los ocios y recesos de la inteligencia. De ahí que se los puede calificar de "despiertos". Aparentan una brillantez mental que engaña a las miradas superficiales.
El inteligente, como esta armando sus estrategias para resolver el problema, parece amodorrado y en comparación con el vivo, un tanto estúpido. Cuanto mas complejo sea el problema, mas exigirá al inteligente paciencia y esfuerzo, mas lo someterá al silencioso y tedioso análisis critico, y al repaso constante de sus conocimientos.
La viveza no puede permitirse estas demoras. Los efectos prácticos del problema no esperan mucho tiempo para hacerse sentir, de modo que el vivo esta obligado a la rapidez, y consecuentemente a la improvisación de sus métodos, generalmente empíricos. Otra vez el inteligente en comparación con el vivo parecerá lento y hasta torpe. Si los efectos del problema por magnitud o complejidad sobrepasan las posibilidades de ser eludidos por la viveza, el vivo resulta acorralado como un estúpido, y no sucumbiendo a la resignación o la violencia, no confesará jamás su fracaso, buscando algún chivo emisario en quien cargar las culpas.
En todas las sociedades conviven los inteligentes, los vivos y los estúpidos en proporciones distintas para cada una de ellas. Para Borges, entre los italianos y judíos no hubo nunca ningún estúpido. Exageraba, a no dudarlo.
Pero imaginemos ahora un país ficticio, donde por razones genéticas o históricas, los vivos sean mayoría. Esbozaré la novela de lo que en ese país imaginario podría ocurrir.
Puesto que son mayoría, unos vivos ocuparían el gobierno. Y otros vivos los eligen. Estos vivos que eligen con el concurso de los estúpidos, incapaces de solucionar los problemas del país, los transferirían a los elegidos. Estos como vivos que son, se dedicaran a lo suyo, o sea ponerse a salvo de los efectos de los problemas, sacarles provecho o desviarlos a otros terceros, así estos sean vivos, inteligentes o estúpidos.
Durante un tiempo, los estúpidos parpadearán de catatonía mental. Los inteligentes se sentirán más marginados. Y los vivos tratarán de imitar a los gobernantes.
Mientras tanto los problemas sin resolver se acumulan, se multiplican, se potencian, y se superponen. Hasta que fatalmente llega el día en que los problemas acumulados forma una pared compacta con un cartel que dice: “Stop, no va mas!!" .
Es aquí donde la sociedad se detiene y paraliza, y los estúpidos, si no se resignan, se vuelven violentos. Los inteligentes toman las valijas y huyen, y los vivos corren de efecto en efecto, vendando aquí, remendando allá, y emperchando mas allá. Dejan los bofes en este desesperado trajín por entre el caos sin control. Y para disimular su impotencia recurren a los fantasmas de los chivos expiatorios internos y externos, y a un lenguaje esquizofrénico que disociado con la realidad circundante seguirá pronunciando aquellos discursos con los que alguna vez embaucaron a la estupidez.
ESTÚPIDOS DE BRAZOS CRUZADOS O DE BRAZOS ARMADOS, INTELIGENTES EN ESE PAÍS FICTICIO CAÍDO AL PIE DEL OMINOSO "STOP": NO HABRÁ PARA VUESTRO PAÍS OTRA SALVACIÓN POSIBLE QUE NO SEA ¡¡"LA INTELIGENCIA AL PODER"!!. SALVO QUE TODOS LOS INTELIGENTES HAYAN HUIDO, HIPÓTESIS ALTAMENTE IMPROBABLE, LA NOVELA PODRÍA TENER UN FINAL FELIZ.” Ø

 
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