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cuando el TALENTO aporta GENEROSIDAD Las últimas presentaciones que realizó Alejandro Lerner en la ciudad de Buenos Aires, en el 2000, en el 2001 y en el 2002, muestran una tendencia de este artista: las veladas empiezan como concierto y concluyen como verdaderos festivales musicales. No es una crítica sino un elogio que radica en la capacidad del músico argentino para sumar colegas de estilos y géneros variados, sin perder la esencia de lo que hace. De lo que es. Su público y sus colegas, agradecidos. Los conciertos brindados los días 6, 7 y 8 de diciembre pasado en el Teatro Opera de la Calle Corrientes, bien podrían haberse presentado como un ciclo de encuentros musicales entre talentos de latinoamérica. Uno podía realizar el ejercicio de salir del recinto cada quince minutos y volver (en varias ocasiones) para escuchar a Lerner al piano junto al Cuarteto Brahms ejecutando un tango o el rock “Nena Neurótica”; luego, junto a Nito Mestre, tocando y cantando “Canción para mi muerte”, después con Carlos Mellino en un clásico de Ray Charles o junto al bandoneonísta Carlos Buono interpretando el exitoso “Campeones de la vida”. Inclusive, presentando por primera vez al venezolano Eduardo Osorio en Argentina, con quien compuso dos temas estrenados en la ocasión: “Se fue al extranjero” y “Mirá a tu alrededor”. Con ritmos de carnavalito o de candombe, pero siempre en armonía con quienes lo acompañan en cada ocasión. Las canciones del músico y compositor pueden nacer como chacarera, bolero, tango, balada o blues. En este aspecto ha demostrado que su espíritu creativo no tiene flaquezas con ningún género de la canción, incluido el jazz. Los límites y encasillamientos de que fue objeto en ciertas circunstancias desde la década del '80, han venido por el lado de las necesidades de las compañías discográficas o la crítica. No obstante, este presente parece haber superado cualquier estructura. En las últimas temporadas, las citas “lernerianas” han ido bajando en histeria adolescente para combinar un público joven con otro más adulto, sin perder alegría ni menguar en entusiasmo, pero siempre dispuesto al silencio respetuoso si el momento lo requiere. Como cuando interpretó “Indulto” o “Entre lágrimas y euforia”.Como consecuencia de su trabajo en México y -especialmente- en Los Angeles (EE.UU) su nombre se relaciona hoy, directamente con el prestigio. Sea para producir discográficamente a Paul Anka o Soledad Pastorutti, para tocar y cantar en SHAMAN de Carlos Santana o para musicalizar las producciones televisivas de Adrián Suar, lo cierto es que Alejandro Lerner optó por dejar que los límites los pongan otros. Y no se equivocó, ya que las puertas del mundo se siguen abriendo para su magia tras más de 20 años de una brillante carrera. Ø
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