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Le Pusimos Nombre al Tango Imprimir E-Mail
Escrito por Silvia Dopacio   
miércoles, 01 de enero de 2003

“No cabe duda de que las minas nos hemos arreglado desde siempre para figurar en la historia de la humanidad. En el tango, muchos autores nombraron sus obras con los nombres de aquellas que dieron qué hablar”

Viejas, jóvenes, yiros, amores, odios y los sueños de los hombres parecen tener nombre de mujer. Desde fines del siglo XIX hasta nuestros días las minusas que pisaron el puerto rioplatense fueron reinas a la hora de personificar al arte y la música popular. Y para no hacer mucha mezcolanza vaya un breve pero sentido homenaje en esta lista representativa de las féminas inspiradoras: Abuelita Dominga (Rosa Morena) Dominga era muy vieja y vivía en el barrio de los candombes. Del carnaval de Rosas no se olvidaba al cantar esta copla roja de amores: “Rosa morena, de la estrella federal, yo sé que tu alma está llenade una pasión que es mortal. Rosa Morena todos la vieron pasar, en su garganta morena sangraba un rojo collar”. El infartante Tango Beba con letra del negro Cele: “puso amor, puso fe y fue constante, y el querer cobarde la engañó; hoy reniega del amor, y en adelante cerrará su corazón... Como él, otros muchos la engañaron, cada vez que buscaba en el querer el encanto que todos le negaron a su alma de mujer. Hoy, perdida la fe, lleva en los ojos, el misterio insondable de su mal; es como esos crepúsculos tan tristes de las tardes de arrabal”.
Luego Clarisa, Claudinette, Felicia y por su origen Francesita. “Soy francesita boulevardera, tiene mi escudo la flor de lis. En alas vine de una quimera, soy francesita, soy de París. Con mi silueta nerviosa y fina, con mis brillantes y mi toilette me ven las chicas de la Argentina y de mí dicen... yo no sé qué”. Otras muchas francesas dieron su pasión y su vida en este puerto extraño que es Buenos Aires, Grisel, Madame Ivonne, Ivette, Marión y Grisetta. “Mezcla rara de Museta y de Mimí con caricias de Rodolfo y de Schaunard, era la flor de París que un sueño de novela trajo al arrabal. Y en el loco divagar del cabaret, al arrullo de algún tango compadrón, alentaba una ilusión: soñaba con Des Grieux, quería ser Manon”. Y las de la península ibérica.... “Galleguita, la divina, la que a la playa argentina llegó una tarde de abril, sin más prendas ni tesoros que tus negros ojos moros y tu cuerpito gentil; siendo buena eras honrada, pero no te valió nada que otras cayeron igual; eras linda galleguita y tras la primera cita fuiste a parar al Pigall”.
También estaban las innombrables como La Mazorquera de Monserrat, La Parda Balcarce, La Pulpera de Santa Lucía, La Uruguaya y la Porteña. “Yo tengo dos amores que son como flores que aroman mi alma”. La Uruguayita Lucía. Las que con nombres cristianos hicieron perder la cabeza a más de un malevo: Magdalena, Malena, Margarita Gauthier, Margo, Margot, María y María Milonga, Mariana, todas juntas mezclando el amor ilusionado, angelical y maternal con aquel que marca a un hombre hasta la hora de su muerte. Estaban también las de nombres extraños como pinturas o joyas: Pipistrela, Resicler, Rubí. Tangos, Valses, Canciones y Milongas, en todos los versos y en los labios varones argentinos, nosotras las mujeres... Hubo un tango: la Santa Milonguita. “Santa milonguita tenía los ojos, tan grandes y claros, que hacían suspirar. Sus labios pecaban, de breves y rojos y era su mirada, color verde mar. Ella que fue siempre, festín y alegría que, en juego de copas, se hartó de champán. Tuvo un bello arranque de sensiblería, y quiso ser buena, buena como el pan”. Luego con los años este nombre de tango, y gracias a Minguito Tinguitela, pasó a ser como sinónimo de la vieja, de Buenos Aires, de Argentina, La Santa Milonguita, nombre del camión destartalado de este amado personaje de Altavista paso a ser hoy día casi una metáfora de nuestro país. Destartalado, santo, amado y milonguita. Ø

 
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