El conventillo y el prostíbulo fueron para el tango, como los orfanatos para los niños huérfanos. Allí se bailaban tangos y lindas milongas, con compadritos de meta y ponga; taconear de bailarines, cuna de peringundines, una corrida, una sentada, la media vuelta y ...
Los “Peringundines” o “Piringundines”, era el nombre que recibían ciertos bailes que se daban para la gente común los jueves, domingos y feriados desde las 4 de la tarde y hasta las 8 de la noche. El dueño de casa cobraba a los hombres a razón de un real por cada 5 minutos de danza y les pagaba a las mujeres que se afanaban por atender a la clientela. Un bastonero, con golpes de mano, daba las órdenes. “Lo de Laura” y “la Vasca” fueron las dos casas de baile que mantuvieron por años su prestigio y aún conservan ese misticismo. La de Laura estaba ubicada en la calle Paraguay 2512 y la otra, más modesta, en la calle Europa (hoy Carlos Calvo) al 2721. En lo de María la Vasca se podía bailar con mujeres de la casa a razón de tres pesos la hora bajo la mirada vigilante de Carlos, “el Inglés”, hombre pesado, marido de la dueña, que no permitía desbordes de ninguna índole. En lo de Laura, lugar más lujoso, la clientela se componía de personajes selectos. Había una vermú para los jóvenes y horarios especiales para los más grandes. La casa se distinguía porque sabía complacer inteligentemente a todos, y también por la calidad superior de sus mujeres, que no eran asunto de compadritos vulgares. En su mayoría, las mujeres de Laura eran “mantenidas”, y tener una “mina” allí, era como poseer una fortuna. Uno de los asiduos concurrentes a lo de Laura era el conocido actor Elías Alippi, siendo atracción principal de sus salones, el piano de Rosendo Mendizábal, autor de un tema perdurable: El Entrerriano. ¿Qué y cómo se bailaba? Se bailaba el tango con corte; figuras oliendo a malevaje, al son del bandoneón y las guitarras o los violines, figuras que se llamaban “la media luna”, “la corrida”, “el ocho”, “el pasete”, pequeña figura ésta, que consistía en un pasito rabón hacia la derecha, el cual cortaba en ángulo recto el paso natural hacia adelante, figura que se realizaba continuamente al avanzar bailando la pareja ceñida y de la cual, es muy posible, derive el nombre de “corte”, que se hizo extensivo a todas las figuras. Poseía una elegancia compadrona que desechaba el meneo del cuerpo, lo que le daba cierta dureza de la cintura para arriba, dureza ritual que contribuía a acentuar la tristeza del ambiente cargado de tragedia que se respiraba en las salas públicas de baile. Cada sala de baile era una pista en donde los campeones del corte acudían a exponer sus habilidades tangueras, a lucir su China (china aunque fuera rubia) y a mantener o a conquistar títulos de hombre macho, guapo y corrido. Se bailaba en silencio, marcando los “cortes” como en un concurso de sabiduría coreográfica -tanguera- donde nunca se estaba “seguro”, puesto que por una mirada, por un rozamiento, y nada digo un pisotón, se oía un “piñazo”, contestado por otro, por una puñalada, un tiro de “bufoso”, dagas y revólveres que siempre aparecían de contrabando a pesar del manoseo policial. ¿Será por eso que el tango tiene algo de tristón? Ø