Nuestro país observa con suma atención, el comportamiento del nuevo gobierno brasilero, que parece no estar dispuesto a relegar sus proyectos de investigación y la priorización del MERCOSUR, por las presiones externas. Será este 2003 que se inicia, una interesante oportunidad para que los argentinos observemos la forma en que el G7 y la Casa Blanca, desalientan, y trituran todo intento de desarrollo genuino de los países del Hemisferio Sur.
En la primera semana del nuevo gobierno brasilero, la prensa mundial se ha zambullido en las oficinas de varios ministerios para seguir de cerca las primeros pasos de cada área. Ni bien llegó a su puesto de trabajo, el flamante Canciller Celso Amorín debió atender a periodistas interesados en la opinión oficial sobre el ALCA. Amorín sostuvo que Lula analiza una postergación de los plazos para negociar el Area de Libre Comercio de las Américas, ya que los tiempos definidos son “demasiado cortos”. Este punto de vista es el que más conviene al MERCOSUR, por la incapacidad de los países de la región de competir en la oferta y la demanda de productos con América del Norte.
Por su parte, el ministro de ciencia y tecnología -Roberto Amaral- recibió, el primer lunes de gobierno, nada menos que a la BBC. El tema en cuestión era el desarrollo nuclear. Amaral se despachó con la siguiente declaración: “No podemos renunciar al conocimiento científico”, “Continuarán las inversiones en los programas de investigación nuclear” y agregó: “Hay una estrategia cuando se tiene un proyecto de Nación. Hay objetivos de largo plazo a los cuales están subordinados los de medio y corto plazo. Cuando se consigue la tecnología para construir un submarino no se tiene una tecnología aislada. Se producen avances en varios campos simultáneos: en matemáticas, ingeniería, física y computación. Entonces, (el submarino) tiene ese papel estratégico”. Concluyendo después: “No se pueden tener Fuerzas Armadas frágiles, porque entonces es mejor no tenerlas. Se precisan Fuerzas Armadas modernas, de defensa y con desarrollo tecnológico propio si es posible”.
Las palabras de Amaral, como las de Amorín, podrían enfrentar a Brasilia con Washington, según los diarios argentinos. Conviene aclarar que tanto la cancillería brasilera como el ministerio de ciencia y tecnología, han dicho a la prensa lo que naturalmente debieran sostener públicamente todos los gobiernos del MERCOSUR en legítima defensa de sus intereses.
Argentina perdió, durante el gobierno de Carlos Menem, la posibilidad de negociar con Estados Unidos una mejor suerte para el plan Cóndor y otros proyectos. Hoy, las consecuencias de las “relaciones carnales” están a la vista y chocan con la tradicional habilidad diplomática de Brasil. Pero dicha actitud tiene antecedentes: en Mayo de 2002, el gobierno de Fernando Cardoso anunciaba, para Julio de ese mismo año, la inauguración de la primera planta de enriquecimiento de uranio en escala industrial para uso nuclear. La tecnología para este proyecto la había generado la Marina brasileña en 1985 y estuvo “congelada” varios años por las presiones estadounidenses y la mala fama que adquirió la energía nuclear en los años '80.
El ejemplo actual del submarino y el antecedente del uranio para uso nuclear, tienen en común la “función soporte” para el desarrollo, que cumple la Marina en un país como Brasil. Demuestra, además, la importancia de contar con un sector militar fuerte y dedicado a la investigación, cuyos resultados podrán, en el futuro, ser aprovechados en otras aplicaciones no necesariamente militares o de defensa. Exactamente lo contrario a lo realizado por el gobierno de Carlos Menem (desarticulando el poder militar) con apoyo de casi toda la dirigencia política argentina.
Con el criterio del gobierno justicialista de entonces, hoy debiera desarticularse también el poder de los partidos políticos (incluido el PJ) en vez de depurarlos y devolverles su lugar de trascendencia en la sociedad Argentina.
Detrás de Lula Da silva, hay todo un equipo de dirigentes y un proyecto de nación. También un partido (el PT) cuya proyección es más amplia que lo que fue el peronismo en Argentina para la región. La diferencia está dada por el contexto internacional en el que nacen unos y otros. Con dificultades mucho más grandes (pobreza masiva, potencia hegemónica unificada, resurgimiento belicista norteamericano, etc.) para el movimiento de trabajadores de Brasil. Ø